13 de diciembre de 2010

Enamorados de Cristo para que la Iglesia sea cada vez más creíble...

AICA.

El sábado 20 de noviembre en la catedral N. S. de la Asunción, el obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Oscar Frassia, ordenó sacerdotes a los diáconos Sebastián Calabrese y Leonardo Chimento.
En la homilía, el prelado recordó que el sacerdote “está llamado por Dios para vivir en la Iglesia. Y lo llama el obispo y lo llama el presbiterio; por eso no se concibe un sacerdote individualista y separado”, por eso aclaró que “no son simplemente sacerdotes y después pueden hacer lo que quieran, sino que están metidos, llamados, al orden del presbiterado”, por lo que deben “estar unidos en comunión”. Entre otras cosas, el pastor diocesano dijo a los ordenados que “la Palabra de Dios los tendrá que alimentar siempre, iluminar siempre para iluminar y acompañar a los hermanos. El protagonismo no será de ustedes, el protagonismo es de Jesucristo, es de su Palabra y es del Espíritu Santo. Por lo tanto ustedes sean verdaderos oyentes de la Palabra de Dios, para que puedan alimentar a los hermanos”. “Ustedes también tendrán la dicha y la gracia de participar del ministerio eucarístico -añadió-; y en el nombre de Cristo podrán perdonar y absolver los pecados”.
En ese sentido les recomendó: “Si quieren que la vida de ustedes tenga sentido, ¡fusiónense al misterio de Cristo!, ¡suban al altar y quédense allí para vivir sagradamente el sacrificio! El sacrificio del cual ustedes son revestidos de Jesucristo, unidos e identificados con Él; y Él no sólo los alimentará a ustedes sino que también alimentará al Pueblo de Dios, por medio de ustedes”. Al recordar que Dios “también les da otra misión: el pastoreo”, precisó que “de alguna manera, el sacerdote de Cristo es sacerdote para Cristo para su pueblo y para la Iglesia”. Por otro lado, afirmó que “el sacerdote tendrá que ser un hombre de Dios y si no es un hombre de Dios no va a saber decírselo a la gente. El sacerdote tendrá que estar enamorado de un modo indiviso para que Dios siga siendo el centro de su vida, y que ustedes, desde ese centro, lo puedan comunicar a los demás. La gente necesita eso, la gente pide eso, la gente quiere eso. No quiere otra cosa”. “Dios no pide y después defrauda. Lo que Dios pide, lo da y lo da en abundancia. Confíen y sean siempre los que están enamorados de Dios. ¡Enamorados de Dios para no buscar en otro charco!, ¡enamorados de Cristo para servir a la Iglesia!, ¡enamorados de Cristo para dar la vida con Él!, ¡enamorados de Cristo para que nuestra Iglesia sea cada vez más creíble, más entendida, más amada y más respetada! A eso están llamados”, aseguró.+