29 de septiembre de 2010

Piedad Popular...

Una característica peculiar de América es la existencia de una piedad popular profundamente enraizada en sus diversas naciones. Está presente en todos los niveles y sectores sociales, revistiendo una especial importancia como lugar de encuentro con Cristo para todos aquellos que con espíritu de pobreza y humildad de corazón buscan sinceramente a Dios (cf. Mt 11, 25). Las expresiones de esta piedad son numerosas: «Las peregrinaciones a los santuarios de Cristo, de la Santísima Virgen y de los santos, la oración por las almas del purgatorio, el uso de sacramentales (agua, aceite, cirios...). Éstas y tantas otras expresiones de la piedad popular ofrecen oportunidad para que los fieles encuentren a Cristo viviente».
Ya que en América la piedad popular es expresión de la inculturación de la fe católica y muchas de sus manifestaciones han asumido formas religiosas autóctonas, es oportuno destacar la posibilidad de sacar de ellas, con clarividente prudencia, indicaciones válidas para una mayor inculturación del Evangelio.
La Iglesia «reconoce que tiene la obligación de acercarse a estos americanos a partir de su cultura, considerando seriamente las riquezas espirituales y humanas de esta cultura que marca su modo de celebrar el culto, su sentido de alegría y de solidaridad, su lengua y sus tradiciones».

María, en la Piedad Popular Las vivencias y experiencias devocionales a la Virgen María ocupan un lugar privilegiado. Es el deseo de imitar a la Virgen, que vivió más de cerca el Misterio de su Hijo Jesucristo, quien mejor que Ella, para que nos enseñe a vivirlo e imitarlo plenamente. Como nos lo ha dicho Puebla: "Desde los orígenes, María constituyó el gran signo, del rostro maternal y misericordioso, de la cercanía del Padre y de Cristo, con quienes Ella nos invita a entrar en comunión" DP.282. Por medio de estas experiencias de fe que nos regala nuestra gente, nos encontramos con una teología mariana que se hace presente en la piedad popular. Veamos como la entiende y vive la gente: (a través de sus testimonios)

María, Mujer y Madre Nuestra gente a reconocido siempre a María como la Madre de Jesús y Madre nuestra, la que está cerca de sus hijos, por eso Juana, le coloca las fotos de sus hijas en el mismo altar, donde está la imagen "se las pongo allí, para que cuide de mis hijas, no les pase nada malo, que siempre me las proteja" María, la que intercede por todos los hijos, y demuestra un cariño maternal, comprensión y un amor incondicional.

María, se hace Familia Las imágenes, que se encuentran en los hogares, como en la casa de Pedro y Silvia, se hace parte de la familia, porque el mismo hecho de estar allí, los une espiritualmente con las tradiciones de su propia familia que están en el vecino país de Colombia, como lo expresa y ha vivido Silvia: "Toda mi familia es católica, desde mi abuelita es la que nos guía, ese fue el poste que nosotros encontramos... porque yo desde pequeña he vivido mi religión, mi devoción a Ella, así me lo enseñaron" las veces en que Pedro entra o sale, no deja de pasar por la sala, para decirle a la Virgencita: "yo lo único que le pido a Ella es que me tenga con vida y salud y a los míos" De alguna manera, podríamos decir que La Virgen preside el desarrollo del hogar de la vida en la familia.

María, Orante La imagen misma de La Inmaculada, demuestra ante sus hijos, con las manos unidas, una actitud suplicante y de oración constante al Padre, de allí el hecho que la misma gente, acuda a Ella, para suplicarle, pedirle que interceda en la historia personal, familiar y nacional, expresiones de Silvia, nos confirman lo que decimos: "yo no me canso de pedirle... yo le pido por mí, yo le pido por Ud. yo le pido por el señor, yo le pido por la tranquilidad del barrio, yo le pido por la tranquilidad del que está más allá, por la tranquilidad del país... yo sino le pido 50 veces al día" "yo le pedí de corazón y con amor" Es una actitud incesante, que no cansa de rogar, para que nuestro Señor interceda ante las suplicas de su Madre.
Desde esa misma oración brota un sentimiento, que es fundamental para ellos: pedir con el corazón: Pedro, por ejemplo: "Yo le pido de corazón" Oración que se convierte en la plegaria popular más extendida por todo el mundo, como es el rezo de Santo Rosario. "porque, yo mi Rosario lo doy como un testimonio".

María, Mujer de Fe Profunda María en la invitación del Ángel, confía, cree lo que se le ha dicho viene de Dios, fe que la mantienen fuerte a los pies de la cruz en la agonía y muerte de su Hijo. Esta fe que también se traduce en confianza, en firmeza, en fortaleza, etc... la encontramos también en el barrio, y que en medio de cualquier dificultad, se aferran, como lo expresa Pedro: "yo me le aferré tanto, era tener esa firmeza hacia la Virgen" o desde otro modo como lo vive Silvia: "mire, es una cosa tan grande, que yo le pedí con fe... dame fuerza" en la oportunidad que casi se le moría el yerno: "no lo van a dejar morir, porque allí está Dios y su Madre Santísima que me lo van a salvar... tenía una fuerza tan grande que yo mire Dios es tan grande"

María, crea Comunión y es Servidora Es la experiencia de la primera comunidad cristiana, que compartían todo, ninguno pasaba necesidad, va fortaleciéndose el espíritu comunitario y de unidad: "si, porque compartimos todo, ahí no se pasa nadie sin comer... el que pasa, aunque sea en la mano se le da Es que esa está muy llena de Dios y a nadie le cierra las puertas" María se encuentra con la comunidad de apóstoles, en esta misma actitud del que se abre al hermano, su amor La lleva a servir y a darse a los demás, a su prima en el tiempo del parto, en las Bodas de Caná etc.

María, a la escucha de la Palabra Aceptar la Palabra de Dios, implica obedecer siempre y mostrar una actitud de fidelidad a la respuesta que se ha dado, vivir su compromiso hasta el final. Escuchar la Palabra, es dejar que resuene en su corazón, "María guardaba, todas esa cosas en su corazón"(Lc.2,15-19) María no solamente lleva el Verbo, la palabra en sus entrañas, sino que primeramente La lleva en su corazón. La Sra. Elvia, mantiene una actitud, de apertura, de interés hacia la Palabra de Dios y ella nos dice: "mire, si yo no la leo y le hago así a mi Biblia, yo no me puedo salir... para cada momento, en la mañana el salmo 19, en la noche el 40" orar con los salmos, son las palabras más bellas para alabar y dirigirnos a Dios. Morella desde su tarea como catequista, dice que les lee la Biblia en forma de cuento: "yo se las leo, para que se les quede más fácilmente en sus corazones" Escuchar la Palabra, significa un constante sí a la vocación, porque Ella nos interpela y nos invita a vivir con radicalidad el Evangelio, como lo vivió María, como nos lo enseñó Jesús.

María, Camina con Nosotros María no es la mujer estática, sino la que camina siempre, nos lo recuerda la escritura en el Misterio de la Visitación: "María partió apresuradamente a una ciudad de Judá, y entró a la casa de Zacarías y saludó a Isabel" (Lc.1,39) Camina con su gente, y con el pueblo, con el Barrio: " Ella camina con nosotros, se le procesiona todo el día" como comenta Elvia; el sentido de la procesión, para ellos, es saber que María les acompaña en sus largas luchas, camina con cada uno en el diario vivir, camino que nos lleva hacia el Padre. Camino que se nos hace menos pesado porque nos da ha su Hijo, que también nos dice, "Vengan a mi los que están cansados y fatigados que yo los aliviaré, porque mi carga es ligera y mi yugo llevadero"(Mt. 11,30).

María, tiene a Dios primero en su Corazón Su amor fue y es tan grande que la Virgen María, lo primero fue Dios y antes de formar a Cristo en sus entrañas lo formó primero en su corazón. La que en su cántico del Magnifica, con todo su ser "proclama la grandeza del Señor, porque ha visto la humildad de su esclava"(Lc.1,46s) la devoción que se tiene en María, no hace que el creyente esté distante de Dios, o colocarlo en segundo plano, ante todo reconoce que El está primero en toda las cosas. Morela en su oración nos confirma esto: "Ante todo pido permiso a, a Dios... para referirme a su Madre" o la misma Sra. Elvia, que reconoce antes que todo su grandeza también: "Que grande es Dios, ¡Gloria a Dios, ¡Dios mío! Tú no me ibas a defraudar" El amor a María Santísima es reconocimiento a ese mismo Dios que hizo grandes cosas con María, escogiéndola en primer lugar como la Madre de su Hijo.

María, nos acerca a la Comunidad Eclesial Por medio de María se acercan sus hijos, los fieles a la Nueva Iglesia Pueblo de Dios. Que a su alrededor se hace la Iglesia suplicante, que ora y celebra. Por medio de Ella, se encuentra con Dios lo que le permite a Pedro decir que: "mi devoción no la cambio para nada, no la dejo por nada, esa es mi Iglesia" como el que ha encontrado, esa perla preciosa, o del tesoro (Mt.13,44) que nos habla Jesús en su Evangelio. Se ha reconocido a María esa nueva Iglesia que el mismo Cristo había instituido y dejado en Pedro, se renueva con la fuerza del Espíritu Santo en el día de Pentecostés, María también en vigilia espera y pide junto a los discípulos la fuerza del Espíritu para seguir adelante, en la obra de su Hijo. De allí también el sentido de "Velar", tener la actitud vigilante de quien espera la llegada del Reino de Dios.

María, siempre agradecida María es: "la llena de Gracias"(Lc.1,28) y en Ella, Dios también se complace, es el encuentro de Dios hacia el hombre y del hombre para con Dios, de esta manera Ella permanece en un constante acción de Gracias, y alabanza, su corazón le hace decir de su Dios que "Su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles, de generación en generación" (Lc. 1,50s) María nos invita a elevar nuestra acción de gracias al Padre, junto a Ella en cada Eucaristía que celebramos, estamos agradeciéndole y haciendo nuestra acción de gracias al Padre, María acerca a los fieles a la Eucaristía, nuestra gente vive agradecida por todo lo que El ha hecho en nosotros, en Elvia: "porque, mire, yo vivo agradecida de esto.. eternamente agradecida de Dios y a su Madre, por eso vivo para Dios, gracias, gracias a Dios y a la Virgencita".

María, al lado del Pobre Una de las cosas, que finalmente observamos, es que María, la mujer sencilla y también de un pequeño pueblo de Nazaret, es la que está al lado de los pobres, de los más pequeños. Tan solo mirar y estar en el barrio nos damos cuenta, de la gran marginalidad y pobreza en la que vive nuestra gente, María la humilde sierva del Señor, se hace presente, o ellos la hacen presente, en sus fiestas, en su dolor, en sus necesidades, en la que no tiene las medicinas para hacerse su tratamiento y sin embargo siempre hay una esperanza, lo vive Morella constantemente: "yo soy una de su experiencia de Ella, uno porque yo no me movía sola... pero siempre pidiéndole a la Virgen...fíjese esto es una muestra" María, al lado del pobre, porque también fue pobre, al lado del que sufre, porque también vivió y sufrió la muerte de su Hijo, al lado del que ha sido marginado, porque a Ella también la consideraron marginal... "y no es éste el hijo de María, el hijo del carpintero, de donde saca esa autoridad" (Mt.13,55)
Hemos hecho un recorrido, a través de la experiencia de fe que vive nuestra gente, centrada de manera especial en la Santísima Virgen María. Esto nos demuestra también, que nuestra gente tiene un gran deseo de ser cada vez más cristiano, de encontrarse y celebrar gozosamente el misterio de Cristo en sus propias vidas, a través de María. Ellos la reconocen como quién camina con nosotros, la Virgen y "sus misterios pertenecen a la identidad propia de estos pueblos y caracterizan su piedad popular" (Puebla.454) De allí, nos queda a nosotros, que como agentes de esta nueva Evangelización, seamos capaces de redescubrir todos esos valores del Reino, inmersos en la piedad popular, como también hacer ver lo que no es propio de la evangelización, orientación que nos hacen nuestros obispos de América Latina: "Los agentes de la evangelización, con la luz del Espíritu Santo y llenos de "Caridad Pastoral", sabrán desarrollar la pedagogía de la evangelización Esto exige, antes que todo, amor y cercanía al pueblo, ser prudentes y firmes, constantes y audaces para educar esa preciosa fe, algunas veces tan debilitada" (Puebla 458)
María, la madre de Jesús y madre nuestra, es modelo de Fe, Esperanza y Amor a Dios, de seguimiento a Cristo. Su testimonio como mujer, como servidora y colaboradora en el Plan de Dios, es una invitación para todos los cristianos, es aprender a vivir auténticamente el Evangelio como lo supo vivir Ella. Evangelio que nos invita constantemente a desinstalarnos y comprometernos día a día con nuestra gente en sus diversas necesidades, de estar con los más olvidados y no tomados en cuenta en esta sociedad. Es la que sigue junto a nosotros, como nos lo ha dicho en diversas oportunidades su Santidad el Papa Juan Pablo II: "Ella camina con nosotros y nos guía con ternura materna hacia el futuro, nos ayuda a cruzar los umbrales de los años, de los siglos y de los milenios, sosteniendo su esperanza en Aquel que es el Señor de la Historia" (Solemnidad de María, Roma, 01 de enero de 1999).