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27 de septiembre de 2011

Fueron beatificadas cinco monjas mártires en Sarajevo..

Cinco monjas de la Congregación Hijas del Amor Divino que en 1941 fueron asesinadas por ultranacionalistas serbios "Chetnik" han sido beatificadas este sábado en Sarajevo en una Solemne Misa oficiada por el emisario del Papa, el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.


La Religiosas Beatificadas son las Hnas. Berchmana Leidenix, de Austria; Jula Ivanisevic, de Croacia; Krizina Bojanc y Antonija Fabjan, de Eslovenia; y la croata de origen húngaro Marija Bernadeta Banja, que residían en el monasterio Hogar de María en Pale, unos 30 km. al este de Sarajevo, en Bosnia.

Las 5 monjas fueron hechas prisioneras en diciembre de 1941 por combatientes serbobosnios, que incendiaron el Convento y se las llevaron a Gorazde, en la frontera con Serbia. En el camino asesinaron a sor Berchmana, de 76 años, que no tenía fuerzas para soportar la marcha.

El 15 de diciembre, los "Chetniks" irrumpieron en la habitación en la que las monjas estaban encerradas con la intención de violarlas. Las religiosas saltaron por la ventana y quedaron gravemente heridas. Entonces, los guerrilleros las degollaron y arrojaron los cadáveres al río Drina.

"Estas vírgenes y mártires, que se dedicaron a Cristo, su novio divino, y servían con perseverancia a los necesitados y enfermos hasta derramar su propia sangre, a partir de ahora pueden ser llamadas beatas", leyó el cardenal Amato el decreto del papa Benedicto XVI sobre la beatificación de las "mártires del Drina".

El procedimiento comenzó en 1999 y la beatificación fue aprobada por el Santo Padre en enero de este año.

Más información. Este sábado 24 de septiembre fueron beatificadas cinco religiosas mártires que, tras ser secuestradas y luego de resistir a los intentos de violación por parte de sus captores, fueron asesinadas en diciembre de 1941 por odio a la fe en Sarajevo.

Las religiosas pertenecían a la congregación de las Hijas de la Divina Caridad. En un artículo escrito por la Hna. Maria Ozana Krajacic, también hija de la Divina Caridad, en el diario vaticano L`Osservatore Romano, se afirma que el martirio de estas 5 Religiosas "no es un caso aislado, sino un acontecimiento añadido a los sufrimientos y tormentos de miles de víctimas inocentes" de la Iglesia.

En 1911 las religiosas vivía en un convento cerca de Sarajevo en la localidad de Pale que llevaba por nombre "Casa de María". Cerca de allí abrieron una escuela primaria en donde también enseñaban catecismo hasta 1919, año en que fue cerrado.

Pese al cierre prosiguieron su obra y a partir de 1927 se encargaron de dar clases de catecismo para las escuelas públicas. La hermana Krajacic relata que "su compromiso desinteresado con la gente necesitada era conocido por todos los habitantes de esa región" lo que les valió ser también muy respetadas por la comunidad ortodoxa.

El 11 de diciembre de 1941 un grupo de chetniks (guerrilleros serbios) atacó el convento donde vivían. Las 5 Hnas. y un Sacerdote esloveno de nombre Mesko, fueron secuestrados. El convento fue saqueado y quemado.

Los chetniks obligaron a las hermanas a caminar durante 4 días unos 65 kilómetros en los bosques y montañas en donde sufrieron las inclemencias del frío y la nieve, sin ropa de abrigo y luego de haber sido insultadas, atacadas y sometidas a severos interrogatorios.

"Ninguna se quejó ni se lamentó. No pedían concesiones. Estaban en silencio y en oración constante", recuerda la Hna. Krajacic.

A medio camino los chetniks abandonaron a la Hna. Maria Berchmana Leidenix, de 76 años de edad, que sería luego asesinada el 23 de diciembre.

A las demás hermanas las llevaron hasta un cuartel en la zona de Gorazde. El 15 de diciembre los chetniks se lanzaron sobre ellas "con intenciones sombrías. Pero ninguna cedió ni siquiera ante las amenazas de muerte. Según relata el sacerdote Anto Bakovic las hermanas gritaban: ''¡preferimos la muerte a aquello que quieren!''"

Las religiosas, que resistieron así a los intentos de violación, fueron insultadas, amenazadas y golpeadas durante aproximadamente una hora.

La hermana Krajacic escribe que "cuando los chetniks empezaron a usar la violencia, las hermanas trataron de huir. Invocando a Jesús, una tras otra, saltaron por una ventana (del segundo piso del cuartel). Tras saltar, heridas y agotadas, trataron de levantarse para huir pero fueron apuñaladas y empujadas hasta los márgenes del río Drina".

En la primavera europea de 1942 dos hermanas de la congregación en Sarajevo comenzaron a buscar la tumba de la hermana Maria Berchmana sin éxito.

Krajacic afirma que "la noticia de la muerte de las cinco las hermanas se difundió rápidamente en Sarajevo. Pese a ser tiempo de guerra, la gente las recordaba y las invocaba como intercesoras a estas mártires de Drina, como las llamaron".

"Entre los católicos –concluye el artículo– se dijo rápidamente que eran mártires de la fe, mártires de la propia vocación y de los votos religiosos".

El Padre Bakovic escribió un libro titulado "Las mártires de Drina" en donde relata esta historia. Cuando sucedieron estos trágicos hechos tenía 10 años de edad. Él fue uno de los pocos sobrevivientes de aquella masacre.

Fuente: VR.

15 de junio de 2011

Miles de peregrinos visitan la tumba de Juan Pablo II..

Miles visitan al beato y hacen sus peticiones. En grandes cajas de madera dejan cartas, sobres con dinero y hasta medicamentos. En la fila se hablan todos los idiomas pero al acercarse a la capilla, se impone el silencio y la oración.


Juan Pablo II nunca está solo. El caudaloso río de peregrinos que pasan ante su tumba dura toda la jornada, desde las 7 de la mañana hasta las 7 de la tarde. En la fila se hablan todos los idiomas del planeta pero al acercarse a la capilla, el silencio se impone de modo natural. Tan sólo se escuchan susurros: «¿Dónde está el Papa? Ah sí... ¡Esta allí! ¡Esta allí!». La Capilla de San Sebastián es tan grande que a muchos no les resulta fácil encontrar la lápida blanca sobre la que campea la inscripción «Beatus Ioannes Paulus PP. II».

La mayoría de los peregrinos han visto a Juan Pablo II en sus países o han disfrutado de algún encuentro más familiar. Un italiano ya jubilado comenta sonriendo: «Soy del coro de Varese y vine a cantarle hace años. Ahora he venido a pedirle que mantenga unida mi familia, y que a mí no me llame demasiado pronto para estar con él. Necesito seguir aquí».

Algunos usan prismáticos para ver la tumba más de cerca. Muchos toman fotografías, y algunos incluso las envían inmediatamente para confirmar que han hecho la visita y la petición. Blas, que es mexicano, comenta que ha venido a pedir por su familia y por la paz en el mundo. Una chica de Malasia se para ante la capilla mientras escucha su audio-guía y luego se queda mirando: «Yo estaba visitando la basílica pero no sabía que este Papa estaba aquí». Es un caso excepcional, pues la mayor parte de los peregrinos no sólo vienen directamente a visitar a Juan Pablo II sino que se quedan «atrapados» en el lugar.

Y los ujieres de la basílica de San Pedro, los sampietrini , tienen que pedirles continuamente que se muevan: «Prego, avanti. Please, move on. Por favor, adelante». Es un trabajo que cansa, pues, según uno de los encargados, «es duro hacerlos mover, ya que han venido para rezar. Es un trabajo que duele, y los turnos son de sólo 30 minutos, alternando con un puesto más tranquilo en la contigua Capilla del Santísimo».

Los peregrinos siguen dejando flores para Juan Pablo II, que los sampietrini llevan enseguida hasta la tumba. Los mensajes ya no se dejan por el suelo, sino que se depositan en dos grandes cajas de madera. Desde el fallecimiento del pontífice, en abril del 2005, los peregrinos -jóvenes y mayores, creyentes o no- comenzaron a dejarle mensajes sobre su tumba: pequeñas notas, tarjetas y cartas escritas como a una persona viva, como a alguien de la familia. La postulación de la causa las conserva todas, y ha permitido leerlas a la profesora Elisabetta Lo Iacono, autora del libro Querido Señor Papa. Lo que los fieles escriben a Juan Pablo II.

En las cajas es posible ver desde pequeños trozos de papel hasta grandes sobres amarillos que contienen objetos voluminosos. Algunos peregrinos echan billetes a modo de donativo, y otros dejan exvotos, que van desde miniaturas de coches hasta bolsas transparentes con medicinas, quizá para pedir un milagro o agradecer una curación. Impresiona también la intensidad de la gente que se mantiene en un segundo plano para rezar con tranquilidad.

Una joven italiana le ha pedido a Juan Pablo «una cosa muy personal»: que le ayude a responder a su «camino de fe». Dos sacerdotes ortodoxos rusos se paran en la balaustrada, y la agarran fuerte con las manos. Están conmovidos, como casi todos los peregrinos. Una mujer eslovaca comenta: «he venido a visitarlo porque lo he visto en sus dos viajes a Eslovaquia y también en una audiencia en Roma. No le pido ningún favor especial para mí sino, sencillamente, que me guíe para que yo sepa hacer lo que debo».

Cada peregrino tiene un motivo personal para venir y algún deseo, alguna petición, consciente o inconsciente. La responsable de un centro de acogida de muchachos con problemas en Treviso ha venido «a rezar por los chavales» y, además, a pedir que porque su familia pueda «aceptar bien las dificultades y el dolor, como él supo sobrellevar las contrariedades toda su vida». Le gustaría estar más tiempo, pero tiene que dejar sitio a casi un centenar de peregrinos de Bombay que rodean, apiñados, a un guía que enarbola en alto una gran rosa amarilla. En el lenguaje de las flores, el significado es «Felicidad», «Amistad» y también «Recuérdame»

Fuente: ABC.

4 de mayo de 2011

Primera Capilla dedicada a Juan Pablo II..

Es la primera en Argentina y está en la parroquia San Miguel Arcángel en el centro porteño. Se llama “Beato Juan Pablo II” desde el domingo, cuando fue inaugurada con procesión y cantos. Lo primeros sábados de cada mes será la misa especial.

El párroco de San Miguel Arcángel, presbítero Ricardo Pascual Dotro, informó que el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, firmó un decreto, fechado el domingo 1º de mayo de 2011, día de la beatificación de Juan Pablo II, por el que se impuso el nombre de "Beato Juan Pablo II" a la Capilla existente en la cripta del templo parroquial San Miguel Arcángel, situado en la calle Suipacha 75, en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires.

Dicha capilla, construida a principios del siglo XX, si bien fue destinada al culto, y restaurada últimamente, nunca había tenido titular.

La primera capilla dedicada en la Argentina al nuevo beato de la Iglesia católica, estará abierta todos los días para la oración y devoción al Papa polaco y los primeros sábados de cada mes, a las 18, se celebrará allí la Eucaristía de súplica y peticiones por la intercesión del beato papa Juan Pablo II.

La inauguración se realizó el mismo domingo 1º de mayo al finalizar la misa dominical con una emotiva procesión y cantos.
En la capilla se distribuyen gratuitamente estampas del nuevo beato.

Informes: ricdotro@lvd.com.ar

Fuente: Valores Religiosos.

1 de mayo de 2011

Beato Juan Pablo II.. Ruega por nosotros.

El Papa Benedicto XVI proclamó beato esta mañana (hora local) a su predecesor el Papa Juan Pablo II, al inicio de una histórica y multitudinaria Eucaristía a la que se estima asisten más de un millón de personas de todas partes del mundo.

En este evento por primera vez en diez siglos un Pontífice eleva a los altares a su predecesor inmediato.

En medio de un gran ambiente de fiesta, ante la multitud que colmó la Plaza de San Pedro, la vía de la Conciliación y las calles adyacentes en donde se apreciaba banderas de muchos países de todo el orbe, el Vicario para la diócesis de Roma, Cardenal Agostino Vallini, leyó ante el Papa una biografía de Juan Pablo II, interrumpido en diversas ocasiones por los aplausos de los presentes.

Los aplausos invadieron la Plaza de San Pedro cuando se recordó, por ejemplo, la fecha de la elección como Pontífice, el 16 de octubre de 1978, su especial predilección por los jóvenes a quienes se dirigió de manera particular en las Jornadas Mundiales de la Juventud.

Tras la lectura de la biografía, el Papa Benedicto XVI declaró beato a Juan Pablo II y dijo que la fiesta del Papa peregrino se celebrará el 22 de octubre de cada año, tras lo cual se descubrió el tapiz con el rostro de Karol Wojtyla y se entonó el himno de la beatificación, ante los incesantes aplausos y vivas de los presentes, en medio de un mar de banderas que se ondeaban en señal de alegría.

Luego de la lectura del decreto de beatificación, le fue presentada al Papa Benedicto XVI una ampolla con la sangre del nuevo Beato que fue portada, entre otros, por la protagonista del milagro que permitió la beatificación, la religiosa francesa Marie Simon Pierre.

Esta reliquia podrá ser venerada por los fieles llegados de todo el mundo a Roma.

Fuente: ACI Prensa.

27 de abril de 2011

La sangre de Juan Pablo II..

La sangre de Juan Pablo II será Reliquia para la veneración de los fieles.
Lo confirmó ayer el Vaticano. Había sido extraída en sus últimos días de vida (Diario Clarín).

Una ampolla con sangre de Karol Wojtyla se expondrá a la veneración de los fieles durante la beatificación del Papa polaco, que se celebrará el próximo domingo en el Vaticano, a sólo seis años de su muerte. Unas 300.000 de personas llegarán en trenes, aviones y micros especiales a Roma para asistir a la ceremonia, la cual será presidida por uno de sus colaboradores más cercanos, el entonces cardenal Joseph Ratzinger, hoy Papa.
La sangre le fue extraída a Juan Pablo II como previsión ante eventuales transfusiones y fue conservada en el hospital Bambino Gesu por las monjas de esa institución médica. Se encuentra en estado líquido, a causa de un anticoagulante presente en la probeta al realizar la extracción, según explicó el Vaticano a través de un comunicado.
Desde hace tiempo se conocía la existencia de ampollas con sangre extraída a Juan Pablo II y que algunas de ellas estaban custodiadas por el sacerdote Stanislao Dziwisz, secretario de Wojtyla durante casi 40 años y actualmente su sucesor en la cátedra de Cracovia. El Vaticano precisó ayer que el cardenal Dziwisz custodia dos ampollas de sangre, pero que existen otras dos en el Bambino Gesu, a cargo de las monjas del hospital pediátrico.
Una de estas dos últimas, colocada en un “precioso relicario, hecho preparar especialmente por la Oficina de Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice”, será expuesta durante la ceremonia de beatificación a la veneración de los fieles.
En los últimos días de enfermedad del Papa polaco, el personal médico que atendía a Wojtyla realizó extracciones de sangre para poner a disposición del Centro de Hematología del hospital Bambino Gesu”, con miras a una eventual transfusión. El hospital estaba encargado de efectuar ese servicio médico para el Papa, pero la transfusión no tuvo lugar y la sangre extraída permaneció conservada en cuatro pequeños contenedores, dos de los cuales quedaron a disposición del secretario particular de Juan Pablo II, Dziwisz. Los dos restantes permanecieron en el Hospital.
Para la beatificación, estos dos últimos fueron colocados en sendos relicarios. Uno de ellos será presentado a la veneración de los fieles durante la ceremonia del domingo, y luego se conservará en el “sagrario” a cargo de la Oficina de Celebraciones Litúrgicas del pontífice, junto a otras importantes reliquias. El segundo contenedor será devuelto al hospital Bambino Gesu.

14 de abril de 2011

La Pasión de Cristo, de la Beata Ana Catalina Emmerich

La lectura de las visiones de la monja Ana Catalina Emmerich acerca de la Pasión de Jesús nos deja impactados. El minucioso relato que la mística alemana –que vivió entre fines del siglo XVIII y principios del XIX– hace a un escritor alemán desde su lecho de enferma durante sus últimos años de vida, sorprende por su crudeza. Siguiendo el mismo orden de los evangelios (desde la Última Cena hasta la Resurrección), describe en forma exagerada, si se comparan sus narraciones con lo que dicen los evangelistas, los momentos de dolor del Señor, dejando en claro que fueron peor de lo que podía suponerse.


La elocuencia que las visiones de Ana Catalina le imprimen a los momentos culminantes del paso de Jesús por este mundo atraviesa las casi 200 carillas de la transcripción hecha por Clemens Brentano, que dieron lugar a la obra conocida como "La amarga Pasión de Cristo". Libro que, por otra parte, tuvo gran repercusión en su momento. Por ejemplo, respecto de la oración de Jesús en el huerto, en la cual, según el evangelio de san Lucas, el Señor "sudaba como gruesas gotas de sangre", la religiosa dice haber visto que Jesús, "empapado en sangre", oraba en una agonía casi interminable.
En los prolegómenos de su condena, cuando entre Herodes, Caifás y Pilato se dedican a decidir la muerte o liberación de Jesús, la esposa de Pilato –según Ana Catalina– juega un papel especial. Se la llama por el nombre que aparece en uno de los evangelios apócrifos: Claudia Procra. Ella se muestra interesada en la libertad de Jesús, intentando mover el corazón de su esposo de todas las maneras posibles. Pilato, a pesar de los intentos de Claudia, sucumbe ante la avanzada del Sanedrín, y condena a muerte a Jesús. La visión de la monja sobre esta situación insume varias páginas.
Los dolores físicos de Jesús aparecen en las visiones de la mística alemana con impresionante intensidad desde el momento del arresto y de la tortura. La flagelación y la coronación de espinas se describen mostrando la crueldad de los verdugos y la entrega de Jesús, indefenso, pero a la vez consciente de que DEBE soportar estos dolores porque la obediencia al Padre y la salvación de los hombres está por encima de su propia vida.
El detalle de la flagelación impacta especialmente. Ana Catalina afirma que la flagelación duró "tres cuartos de hora" y que fueron dos turnos de soldados (aclarando que estaban borrachos) los encargados de golpear, maltratar y flagelar a Jesús. Dice que sus fuerzas flaquean en muchos momentos, cayendo "bañado en su propia sangre", y que ante los golpes y atropellos, el Señor "miraba a sus verdugos con los ojos arrasados de sangre y parecía que les suplicara misericordia". Esta súplica no fue atendida por los soldados, pues "la rabia de ellos se redoblaba y los gemidos de Jesús eran cada vez más débiles". En medio de tanto dolor, dice que se destaca el consuelo de los ángeles, la oración sufriente del Señor, y el dolor de María, que aparece abatida y sostenida por algunos discípulos y María Magdalena.
Después de ser condenado a muerte, señala que Jesús es obligado a cargar con su propia cruz, al igual que ocurre en el relato del evangelio de San Juan. Pero hace una importante diferencia: describe en forma muy detallada siete caídas del Señor bajo el peso de la cruz, mientras que en ninguno de los evangelios se dice algo similar, y la tradición piadosa del vía crucis solo nombra tres caídas. La última, según ella, ocurre en el lugar mismo donde iba a ser crucificado. Y añade que luego de caer, los soldados lo obligan a pararse tirando de él para levantarlo. Ana Catalina refiere ese momento en estos términos: "¡Qué doloroso espectáculo representaba El Salvador allí de pie en el sitio de su suplicio, tan triste, tan pálido, tan destrozado, tan ensangrentado!".
Del relato de la mística alemana surge que quien está más cerca de Jesús en todo momento es su madre. María aparece sumida en un "indecible dolor" que hace que muchas veces se desmaye o pierda la conciencia. Según Ana Catalina, será la Virgen la primera testigo de la resurrección, a diferencia de lo que dicen los evangelios canónicos, que citan como la primera testigo a María Magdalena. Una mujer que, de todas maneras, se presenta en las visiones muy cercana a María, en una relación cargada de afecto.
El momento en que Jesús es clavado en la cruz es relatado de una forma particularmente cruda. La narración de los detalles de cómo fueron puestos los clavos, las dificultades "técnicas" de los soldados para clavar sus manos y sus pies, y el tormento de un cuerpo que ya no puede resistir más, no parece tener el pudor que sí tuvieron los redactores de los evangelios. En ese tramo, Ana Catalina se observa a sí misma en una actitud contemplativa, y dice que se hallaba "en la más profunda oscuridad donde no veía más que a mi Esposo clavado en la cruz". Y agrega sobre ese momento que en medio de las "siete palabras" que Jesús sentencia a modo de despedida, todo el mundo queda sumido en la misma oscuridad.
La muerte de Jesús, sin embargo, es descrita con bastante austeridad. Simplemente dice que Jesús, luego de proclamar la "séptima palabra" ("Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu"), dio un grito "a la vez suave y fuerte, que se oyó en el cielo y la tierra. Después de esto, Nuestro Señor inclinó la cabeza y entregó su espíritu".
De todas formas, la lectura de "la amarga Pasión de Cristo", debe ser hecha considerando que se trata de visiones personales, íntimas, de Ana Catalina, y que éstas no tienen otro asidero histórico más que su propia interpretación.

Textuales del relato de Ana Catalina:
Ante Pilatos, Jesús "era irreconocible a causa de la sangre que le cubría los ojos, la boca y la barba. Su cuerpo era pura llaga".
La flagelación duró "tres cuartos de hora", cayendo "bañado en su propia sangre" y mirando como si estuviera "suplicando misericordia".
"María se prosternó y besó la tierra allí donde su hijo había caído. Magdalena se retorcía las manos y Juan las consolaba, levantaba y alejaba".
"Ataron su pecho y sus brazos al madero para que el peso del cuerpo no arrancara las manos de los calvos. El sufrimiento era insoportable".
"La crueldad de los hombres lo desfiguró (...). Un gemido suave y claro salió del pecho de Jesús, y su sangre salpicó los brazos de sus verdugos".

La Iglesia ante las visiones de Ana Catalina.
Nacida en el pueblo de Flamsche, Münster, en el seno de una familia muy humilde y piadosa, ingresó a las 28 años en el monasterio de las Agustinas de Agnetenberg. Su vida estuvo signada por enfermedades y una invalidez tras un accidente que la postró en 1813 hasta su muerte en 1824. Desde su lecho le dictó al escritor Clemens Brentano sus visiones. Pese a su severa limitación, desarrolló un fructífero apostolado por el que fue beatificada.

Ana Catalina Emmerich mostró y experimentó en su propia piel 'la amarga pasión de Cristo', dijo el Papa Juan Pablo II cuando la beatificó el 3/X/2004. Se refería a los estigmas del padecimiento de Jesús que sufría la monja, pero no a sus relatos sobre los momentos culminantes de la vida de Jesús, que se encuentran en la categoría de visiones privadas no reconocidas por la Iglesia. Con todo, esas visiones fueron y siguen siendo hoy, a casi dos siglos de su muerte, fuente de inspiración religiosa para muchos. Además de que otros relatos de la monja, como los referidos a la vida de la Virgen, tuvieron un correlato en la realidad al permitir el hallazgo de la casa de María en Efeso.

 Fuente: Valores Religiosos.

21 de diciembre de 2009

Santo por Vocación...

Juan Pablo II, en la carta apostólica “Novo Millennio ineunte”, dice: “El ideal de perfección no implica una especie de vida extraordinaria, practicable sólo por algunos “genios” de la santidad. Los caminos de la santidad son múltiples y adecuados a la vocación de cada uno. Doy gracias al Señor que me ha concedido beatificar y canonizar a tantos cristianos, y entre ellos a muchos laicos, que se han santificado en las circunstancias más ordinarias de la vida. Ahora es el momento de proponer de nuevo a todos con convicción este “alto grado” de la vida cristiana ordinaria”.

En la historia de la Iglesia, han habido Santos de todos los colores y razas y en todo tiempo y lugar. Ninguna profesión tiene la exclusiva de la Santidad y ninguna esta excluida de ella. Hay Santos para todos los gustos, desde niños pequeños a abuelitos, de débiles doncellas a robustos soldados, de reyes o Papas a agricultores analfabetos.

Veamos algunos ejemplos:
Reyes. Luis de Francia y Fernando de Castilla. Isabel de Hungría o Isabel de Portugal.
Soldados. San Sebastián, capitán romano que murió mártir, atravesado por varias flechas.
Profesores. Don Bosco, Marcelino Champagnat.
Políticos. Tomas Moro, patrono de los políticos. Canciller de Inglaterra, decapitado por no anular el matrimonio de Enrique VIII.
Madres de Familia. Sta. Mónica, mamá de San Agustín. Sta. Francisca Romana, Catalina de Génova, Gianna Beretta Molla.
Niños. San Pelayo y San Tarsicio. Y los beatos Jacinta y Francisco, videntes de Fátima.
Sabios. San Jerónimo, San Agustín, Tomás de Aquino, Teresa de Avila, Catalina de Siena.
Indígenas. San Juan Diego, el vidente de la Virgen de Guadalupe, y Katerina Tekakwitha, apache de Estados Unidos.
Médicos. Santos Cosme y Damián, mártires de nuestra fe.
Zapateros. San Crispín y San Crispiniano, dos mártires del siglo III.
Asesoras del Hogar. Sta. Zita, desde los 12 sirvió como empleada en una familia distinguida hasta su muerte, o Angela Salawa.
Papas. Los beatos Pío IX y Juan XXIII, de feliz memoria, y otros muchos como San Pedro, San Lino, San Cleto.
Esposos. San Isidro labrador y su esposa; Luigi y María Beltrame Quattochi (siglo XX) que, según dijo Juan Pablo II, vivieron una vida ordinaria de modo extraordinario. Tuvieron 4 hijos, 2 de ellos sacerdotes.
Familias. Como la familia de San Basilio y su esposa Emelia con todos sus hijos: Pedro de Sebaste, Gregorio Niseno, Macrina y el grande San Basilio Magno. Y también la familia del venerable Tescelín, su esposa la beata Alicia y sus hijos los beatos Guy, Gerardo, Humbelina, Andrés Bartolomé, Nivardo y el gran San Bernardo de Claraval.