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24 de octubre de 2011

“El hombre tiende a dividir y Dios tiende a unir.”

Domingo 23 de octubre de 2011 – 30º durante el año
Evangelio según San Mateo 22, 34-40 (ciclo A)

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en ese lugar, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?". Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas".

“El hombre tiende a dividir y Dios tiende a unir.”

A veces uno pensaba “para estar cerca de Dios, tengo que amar a Dios y despreciar a los hombres”; o “para amar bien a los hombres tengo que acercarme a ellos y separarme o negar a Dios”. Sin embargo, nuestra vida es una vida de síntesis, donde amabas realidades están anticipadas en Jesucristo, el verdadero Dios y verdadero Hombre. Su Persona Divina, donde esta incorporado lo humano, nos enseña a vivir esta doble realidad como si fuera una única realidad.

Mirando a Cristo, uno se da cuenta que tiene que abrirse a Dios. Y abriéndose a Dios encuentra a los hermanos. Y amando a los hermanos, está encontrando el amor de Dios. ¿Por qué?, porque nos falta síntesis.

Vivimos una sociedad atomizada. Vivimos una sociedad individualista. Vivimos una sociedad relativista y subliminal en todo. ¡Todo es relativo!, ¡todo es lo que uno siente!, ¡todo sólo por hoy, donde el futuro no tiene demasiada implicancia!, ¡no hay cosas para más tiempo o para más adelante! ¡Por eso, es importante darnos cuenta que tenemos que retomar el sentido unitivo de nuestra vida: lo divino y lo humano; Dios y los hombres!

Tenemos que vivir de esta forma: lo interno tiene que expresarse en lo externo; lo teórico tiene que meterse en la práctica; la oración tiene que insertarse en la vida; la fe tiene que expresarse en obras y que Dios tiene que llevarnos -siempre- a nuestro hermano, al prójimo, a todos.

La respuesta en este mandamiento, amar a Dios con todo el corazón, con toda la vida, con toda el alma y amar al prójimo como a sí mismo, de estos dos mandamientos depende toda la Ley y los Profetas; de estos dos mandamientos depende si nosotros vivimos una vida sabia o si queremos vivirla vacía y superficial.

Pidamos al Señor tener luz, para poder vivir como corresponde: amando a Dios y amando en serio a nuestros hermanos; amando en verdad y no usando a nuestros hermanos; sirviendo a Dios y dando a nuestros hermanos. Pero todo esto en espíritu y en verdad.

Les dejo mi bendición, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

17 de octubre de 2011

Ciudadanos del cielo y de la tierra..

Domingo 16 de octubre de 2011 – 29º durante el año.
Evangelio según San Mateo 22, 15-21 (ciclo A).

Los fariseos se reunieron para sorprender a Jesús en alguna de sus afirmaciones. Y le enviaron a varios discípulos con unos herodianos, para decirle: "Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque tú no te fijas en la categoría de nadie. Dinos qué te parece: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?".
Pero Jesús, conociendo su malicia, les dijo: "Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa? Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto".  Ellos le presentaron un denario. Y él les preguntó: "¿De quién es esta figura y esta inscripción?". Le respondieron: "Del César". Jesús les dijo: "Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios".

Ciudadanos del cielo y de la tierra.

Aquí nos encontramos con una realidad muy importante: los dos reinos, el de este mundo y el de Dios. Dos reinos que no están totalmente separados, como una dicotomía o una esquizofrenia, sino que se trata de una interrelación con una sana autonomía. Hay que darle al César lo que es del César, pero a Dios lo que es de Dios. No están en el mismo nivel, porque Dios es quien ha permitido la vida y quien ha permitido fundar la sociedad.

El comportamiento humano en la sociedad siempre tiene que tener una referencia explícita a Dios, que es garantía y fuente de la vida, de la vida social, de la vida política, de la vida de todos los hombres.

No podemos separar totalmente ni identificar totalmente, los dos reinos, ya que hay un respeto y una sana autonomía; pero el sujeto -protagonista principal- somos cada uno de nosotros. Y cada uno de nosotros tiene que darle a Dios lo que es de Dios y al César, es decir a la autoridad, lo que es de la autoridad.

Somos ciudadanos de Dios, ciudadanos del cielo, pero también somos ciudadanos de la tierra. Siempre tenemos una responsabilidad fundamental: pasar de habitantes a ciudadanos. Trabajamos por el bien común y trabajamos por Reino de Dios; y estas dos cosas son parte misma de cada uno de nosotros.

Vamos a ejercer un acto de democracia el próximo domingo, en las elecciones.
¡Elijan pensando bien aquello que quieran para ustedes!
¡Elijan con libertad! ¡Elijan con responsabilidad! ¡Y elijan con madurez!

Cada uno de nosotros, en la medida que elije bien, también está eligiendo lo que es la bendición de Dios; pero seamos libres en este aspecto y que cada uno libremente ejerza su decisión. Por eso es importante no confundir, no confundirnos y no confundirse con los demás. ¡Cada cosa tiene su lugar! ¡Y a cada cosa hay que llamarla por su nombre!

Pidamos al Señor que Dios siempre tenga la primacía y que nuestra sociedad siempre trabaje por la Verdad, por la Paz y por la Justicia. Que siempre seamos solidarios y que ejerzamos ese acto de democracia con respeto y con libertad.

Les dejo mi bendición, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

12 de octubre de 2011

Todos somos invitados..

Domingo 9 de octubre de 2011 – 28º durante el año
Día Mundial de las Misiones..
Evangelio según San Mateo 22, 1-14 (ciclo A)

Jesús les habló otra vez en parábolas, a los sumos sacerdotes y fariseos diciendo: "El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir. De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: 'Mi banquete está Preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas'.
Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron. Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. Luego dijo a sus servidores:
'El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él.
Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren'.
Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados. Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta.
'Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?'.
El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: 'Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes'.
Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos".

¡Todos somos invitados!

La invitación que Dios nos hace al banquete nupcial es para todos. Ahora bien, recibida la invitación de Dios, en la que nos sugiere su cercanía, su deseo, su proyecto, alguno de nosotros -o nosotros mismos- a veces encontramos excusas razonables para no asistir. Veamos: uno se va al campo, otro a cuidar sus negocios, otros se portan mal, y así no aceptamos la invitación. Pero el Señor dice “¡llamemos a otros!”, y llamaron a todos los que encontraron por el camino, ¡todos fueron invitados! Sin embargo había uno que no tenía el “traje de fiesta”.

El traje al que se refiere la lectura no es una característica social porque “no estaba bien vestido”. El traje de fiesta significa que no estaba adornado de sus virtudes, o en otras palabras “no era bueno”, no tenía el adorno de lo que es la vida en sus valores, en sus virtudes, y esto es lo que tenemos que entender.

¡Todos estamos llamados a vivir la bondad humana!, podemos ser de otra religión, pero todos tenemos la misma obligación: ser buenas personas; interesarnos por las familias, interesarnos por le bien común, interesarnos por los otros; no sólo por aquellos que piensan como nosotros, o que simplemente nos dan intereses o nos dan ganancias.

La invitación de Dios es para todos. Es un llamado universal donde cada uno tendrá que responder. Si tiene las manos vacías o si tiene las manos llenas. Si tiene un traje bueno, o no está adornado por ninguna de sus virtudes.

Pidamos al Señor que nos de mucha fuerza para esto y que aprendamos que, si fuimos invitados -que ya lo somos-, sepamos responder con alegría, con generosidad, con entusiasmo y con responsabilidad. ¡No seamos descorteses a esta invitación!

Les dejo mi bendición, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

3 de octubre de 2011

Todos tenemos que dar frutos..

Domingo 2 de octubre de 2011 – 27º durante el año
Evangelio según San Mateo 21,33-43(ciclo A)

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “escuchen otra parábola: un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia.
Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.
Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon.
El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera. Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: 'Respetarán a mi hijo'.
Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: ‘Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia’. Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.
Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?".
Le respondieron: "Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo".
Jesús agregó: "¿No han leído nunca en las Escrituras: ‘La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos’?
Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos".
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos, entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud que lo consideraba un profeta.

“¡Todos tenemos que dar frutos!”

Es la Parábola de los viñadores homicidas. Está hablando de los seguidores de Israel, los fariseos, los escribas, porque Israel había sido la viña preferida, la viña predilecta de Dios y allí Dios envió distintos profetas y en el último tiempo a su propio Hijo. Este Hijo que no fue recibido sino rechazado y matado. De alguna manera hay un rechazo al Hijo de Dios, al Mesías. Este rechazo tiene sus incidencias y también sus consecuencias.
En la Iglesia, es decir todos nosotros, tenemos un don que Dios nos regaló: vivir y participar en el Pueblo de Dios; pero también nosotros tenemos que dar frutos. Preguntarán ¿por qué hay que dar frutos? ¡Porque somos administradores!, la vida se nos ha prestado, y también nuestra presencia y nuestra participación en la Iglesia como Pueblo de Dios.
Por lo tanto no somos patrones, somos administradores y el administrador tiene que dar cuentas. ¡Es un error pensar que uno no tiene que dar cuentas, que no tiene que dar explicaciones, que no tiene que decir cómo ha vivido en su vida todos los momentos importantes de ella! Hay que ser humilde y vivir en la verdad.
¡Y tenemos que dar frutos! ¿Quiénes? ¡La Iglesia, Pueblo de Dios! ¡Ustedes y yo! Usted es parte de la Iglesia; yo Obispo, soy parte de la Iglesia. ¡Todos tenemos que dar frutos! Tomemos conciencia de nuestra pertenencia, de nuestra vocación, de nuestra responsabilidad y de nuestra entrega de frutos que tenemos que dar. Que la Virgen, Nuestra Señora de Luján, nos bendiga como Iglesia, como Pueblo y como Nación.
Que bendiga a todos los argentinos y que todos, pueblo, gobernantes, ¡todos!, podamos entender que somos administradores y algún día tendremos que dar explicación al Señor de qué hemos hecho, cómo hemos obrado, cómo hemos respondido. Les dejo mi bendición: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

26 de septiembre de 2011

El secreto es hacer la voluntad del Padre..

Domingo 25 de septiembre de 2011 – 26º durante el año
Evangelio según San Mateo 21,28-32 (ciclo A)
Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: "¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: 'Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña'.
El respondió: 'No quiero'. Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: 'Voy, Señor', pero no fue. ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?". "El primero", le respondieron. Jesús les dijo: "Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él.”

“El secreto es hacer la voluntad del Padre”

Este Evangelio nos habla de la coherencia, la adhesión y la pertenencia. También habla de la respuesta, de la responsabilidad, de lo que significa fe y vida. No basta decir “¡Señor, Señor!” sino que hay que ponerlo en práctica, encarnarlo en nuestra vida.
Muchas veces uno, en algún momento, se opone, dice “no quiero”, “no tengo ganas”, “me cuesta”, “me va a ser imposible”, “no voy a poder”, todas las cosas que puede poner como excusa o como resistencia. Pero luego reflexiona, piensa y hace la voluntad del Padre.

El secreto de todo esto es hacer la voluntad del Padre. ¡Acá esta la fuerza! Independientemente, o sin tener en cuenta demasiado, de los presupuestos anteriores pero que nos puede costar y que hay que hacer y terminar definitivamente haciendo la voluntad del Padre. En cambio el otro no respondió porque dijo que sí, pero le respondió con indiferencia, le respondió por costumbre, le respondió casi de memoria.

Por eso Jesús critica a los fariseos de aquél entonces; y ese fariseísmo de aquél entonces se puede instalar en nuestra vida y podemos llegar a decir sí, yo cumplo, pero cumplo y no doy nada más -el famoso "cumplimiento", cumplo y miento- porque en el fondo no le dí mi corazón a Dios; no le dí toda mi vida a Dios; le respondí para sacármelo de encima, ¡ese es el problema! ¡No le respondí para hacer la voluntad del Padre!

Muchas veces, aquellos que son pecadores, que se dan cuenta que son humildes, que realmente se dan cuenta que están mal y que llaman a las cosas por su nombre, esos están más cerca porque son humildes, se abren a Dios y se pueden arrepentir. En cambio el que cree que ya está satisfecho, el que cree que ya está todo bien, ese está más lejos de Dios y del Reino.

Pidamos al Señor claridad; humildad para poder reconocer que todavía nos falta y que siempre vamos a ser discípulos para estar cerca del Maestro. Y recordemos que, si en la vida llegamos a ser maestros, nunca podemos olvidarnos de ser discípulos. El discípulo mira al maestro y el maestro sigue siendo discípulo, es decir sigue aprendiendo.

Que el Señor nos ayude a reconocer pero para hacer, fundamentalmente, la voluntad de Nuestro Padre que es lo mejor, lo principal y fundamental en nuestra vida.
Les dejo mi bendición para que, escuchando bien podamos responder bien, con el corazón, con la inteligencia, con la mente, con la voluntad, ¡con toda la vida y con toda nuestra persona!, porque el Señor merece la totalidad de nuestra vida en la respuesta: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

12 de septiembre de 2011

Tenemos que perdonar..

Domingo 11 de septiembre de 2011 – 24º durante el año
Evangelio según San Mateo 18, 21-35 (ciclo A)
Se acercó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?".
Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo". El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.
Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".

"Dios nos perdona y nosotros tenemos que perdonar"

¡Con qué claridad nos habla el Señor en este Evangelio y con la explicación de este relato! En la antigua ley de Israel el perdón era de una, dos o hasta tres veces. Aquí vemos a Pedro que le pregunta a Jesús, casi exagerando "Señor, ¿tendremos que perdonar al hermano siete veces?" pero Jesús amplía la pregunta y responde "no sólo siete veces, sino setenta veces siete", es decir siempre, hasta el infinito. El perdón nos tiene que llevar a la reconciliación, pero también es necesario tener misericordia con nuestros hermanos.

Es cierto que no basta decir la palabra "arrepentimiento", "pedir el perdón", sino que también hay que tener una cierta modificación, o un reconocimiento, de las cosas que uno ha hecho mal, o dejado de hacer, o hecho daño alguno de forma intencionada. El arrepentimiento es una condición fundamental apoyada en el reconocimiento. Quien reconoce puede arrepentirse. Quien no reconoce, no se arrepiente. Es claro llamar las cosas por su nombre. Pero veamos también que Dios nos perdona y nosotros tenemos que perdonar a los demás.

En el relato de esta parábola, el rey había perdonado ¡muchísimo! al hombre; y después este no fue capaz de perdonar un poco. En nuestra vida tenemos que ser coherentes: si Dios nos perdona ¿por qué nosotros no perdonamos a los demás? ¡No se puede vivir una vida humana sin reconciliación! ¡No se puede vivir una vida humana sin perdón!

Es cierto que muchos nos han lastimado, pero no menos cierto es que también nosotros hemos lastimado a los demás. Por lo tanto, serán distintos tiempos, distintas manifestaciones, distintas maneras, pero cada uno tiene algo de qué pedir perdón y cada uno tiene algo que perdonar.

Vamos a pedir al Señor que nos revista de entrañas de misericordia, de agradecimiento y también de coherencia. No seamos abstractos, ¿de qué cosas tenemos que pedir perdón?; ¿y a quién tenemos que perdonar de corazón, no sólo de palabra?
Les dejo mi bendición: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

5 de septiembre de 2011

La correción fraterna..

Domingo 04 de septiembre de 2011 – 23º durante el año
Evangelio según San Mateo 18, 15-20 (ciclo A)

Jesús dijo a sus discípulos:
“Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos.
Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.
Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá.
Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos".

La corrección fraterna..

Encontramos en este texto varios temas. El primero es la corrección fraterna, base de la misericordia y la reconciliación, que nos hace saber que todos nosotros tenemos que ser rescatados por el Señor y a veces rescatados por la intervención de los demás. Esto para que si uno, objetivamente, está mal, ha pecado, ha faltado no sólo a Dios sino también a la comunidad, sea corregido para que reconozca, modifique y cambie sus actitudes.
La corrección fraterna es un acto de caridad, pero siempre está apoyada en el amor y en la objetividad de las cosas que se están tratando. No es desde lo que me molesta o no me gusta, no es desde lo que yo pienso, sino fundamentalmente es desde algo objetivo que está mal. La actitud de un hermano, de una familia, del esposo, de la esposa, de los hijos, de los parientes, de la sociedad, la falta de responsabilidad; a veces uno tiene que tener a alguien para ser iluminado, para ser reconquistado, para que haya capacidad de enmendarse.
Luego, el proceso: primero es en privado, un segundo momento es con dos personas, para que sean testigos objetivos, y luego -si no se hace caso- decirlo a la comunidad para que la misma comunidad tenga más cuerpo y esa persona pueda escuchar el reclamo, ya no de una sola persona ni de dos sino de toda la comunidad. Esta sería la Iglesia.
El Señor deja a sus apóstoles, y en ellos a sus presbíteros, la cuestión de atar y desatar, que significa la capacidad del perdón de Dios. Por eso el que perdona es Dios a través del sacerdote para que “lo que ata en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desata en la tierra quedará desatado en el cielo”.
Pidamos al Señor que tengamos una actitud fraterna, de verdad, de respeto, de cuidado y también de interés. Porque cuando uno tiene interés es capaz de hablar, si no tiene interés es indiferente, incluso ante la mala acción del hermano. Cuando uno tiene interés se ocupa del bien y también de la corrección de aquello que está mal.
Pidamos al Señor objetivar y ser muy delicados en este tema, pero también ser muy fraternos en la confianza y la corrección.
Les dejo mi bendición: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

23 de agosto de 2011

¡Qué nadie ignore a Jesucristo..!

Domingo 21 de agosto de 2011. 21º durante el año.
Evangelio según San Mateo 16, 13-20 (ciclo A). San Pio X - día del Catequista.

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
"¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?".
Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas".
"Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?".
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".
Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo:
Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos.
Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo". Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

“¡Qué nadie ignore a Jesucristo!”

La primera afirmación es que, ante la pregunta que Jesús hace, Pedro es el primero en contestar y reconoce en Jesús al Mesías, al Hijo de Dios; el enviado, el ungido del Padre. La confesión de Pedro es la confirmación que Jesús hace al decirle “bienaventurado eres Pedro, porque esto no te lo reveló ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo” Así se consolida una alianza, cuando Jesús dice: “a partir de ahora tú vas a ser mi Administrador; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”

Es el compromiso y la coherencia de esa alianza que Dios venía repitiendo en el Antiguo Testamento cuando decía “a partir de ahora tú serás mi Pueblo y para ti yo seré tu Dios”. Esa alianza que Dios hace con el pueblo de Israel, el Señor la repite, hoy, por medio de Pedro. Y Pedro hoy se llama Benedicto XVI, ayer fue Juan Pablo II, antes fue Juan Pablo I, antes Pablo VI, antes Pío XII, y así fueron los distintos Papas que Dios fue prestando a la Iglesia y al mundo, según las distintas épocas y situaciones.

Nosotros tenemos que confesar siempre en el Señor, la fuerza de su autoridad, de su poder y de su presencia. En Su Nombre tenemos que echar las redes, evangelizar; en Su Nombre tenemos que vivir cristianamente con la coherencia de vida, fe-vida; y en Su Nombre también tenemos que hacer apostolado y llevar este mensaje a todos, porque Dios viene para todos, Cristo viene para todos, no se lo puede ignorar.

¡Es muy importante tenerlo en cuenta, porque ninguno de nosotros puede prescindir de Jesús, puede vivir sin Jesús! ¡Porque nuestra historia está marcada por Él y no se lo puede ignorar! ¡Porque si no lo conocemos, permanecemos en la ignorancia! Y si lo conocemos, tenemos que amarlo. A veces, cuando le pedimos a ÉL, no obtenemos nada porque no pedimos con humildad. El Señor reconoce nuestra fragilidad sin presunciones, sin pretensiones, pero siempre debemos confiar en Él.

Queridos hermanos, sin Él nada podemos hacer. ¿Dónde vamos a ir, si Él tiene Palabras de Vida Eterna? Por lo tanto, el conocimiento de Cristo Jesús no es circunstancial, no es “más o menos”, sino que es la definición en nuestra vida, en nuestra historia, en la sociedad y en la Iglesia. ¡Que nadie ignore a Jesucristo!

Les dejo mi bendición: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

17 de agosto de 2011

Las Fiestas Patronales de la Diócesis..

Miles de vecinos y devotos participaron de la fiesta de la Asunción de la Virgen, de la procesión y la misa por los 50 años de la creación de la diócesis de Avellaneda, que presidió el cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, quien viajó especialmente desde el Vaticano para esta festividad.


La celebración eucarística fue concelebrada por el obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Frassia; y arzobispo emérito de Mercedes-Luján y antiguo obispo de Avellaneda, monseñor Rubén Di Monte; el obispo de Quilmes, monseñor Luis Stöckler, y numerosos miembros del clero local.

A las 15.30 salió de la catedral la procesión multitudinaria con las imágenes de Nuestra Señora de la Asunción, patrona de la diócesis y del municipio, y de Santa Teresa de Jesús, copatrona diocesana.

En tanto, la misa se llevó a cabo desde el altar levantado sobre la Plaza Alsina.

Allí, el cardenal Sandri explicó que “María subida al cielo nos recuerda que todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo está destinado a la plenitud de la vida” y también que “quien vive y muere en el amor de Dios y del prójimo será transfigurado a imagen del cuerpo glorioso de Cristo resucitado y que el Señor humilla a los soberbios y enaltece a los humildes”.

El purpurado argentino evocó también a los pastores “extraordinarios que sirvieron al pueblo de Dios en esta bendita diócesis”, entre ellos al Siervo de Dios cardenal Eduardo Pironio y al cardenal Antonio Quarracino, a quienes definió como “figuras preclaras de la Iglesia en la Argentina, que siguiendo las huellas del primer obispo, monseñor Emilio Antonio Di Pasquo, fueron testigos del amor de Dios e hicieron vivo y accesible a Jesús Buen Pastor”.

El jubileo de oro de la diócesis, aquilatado por el tesoro recibido de tan grandes pastores, disipa las sombras que, por la pérdida de rumbo en la fe y en la comunión eclesial, pudieran haber querido alterar el verdadero rostro y la auténtica comunión de la Iglesia, Más aún, podemos afirmar que del legado de ese pasado emerge un siempre renovado programa de acción pastoral, un diseño de evangelización, que usted, señor obispo, con sus colaboradores, prosiguió con coraje”, destacó.

El cardenal Sandri sostuvo que “los logros que se han ido multiplicando a lo largo de estos años de historia, permiten abrigar la certeza de que de esta celebración, a través, sobre todo, del empeño de los sacerdotes, religiosos y religiosas y de los laicos comprometidos, cobrará nuevo impulso la vida cristiana del pueblo de Dios”.

E insistió en destacar que “este gozoso aniversario pone en evidencia la comunión del obispo y de toda la diócesis con el sucesor de Pedro, siervo de los siervos de Dios, que ha sido constituido principio visible y fundamento de la unidad de la Iglesia, el papa Benedicto XVI”.

El purpurado transmitió, además, la bendición apostólica del Pontífice, y explicó que ésta quiere ser “prenda de vida eclesial vivida en comunión y en el testimonio de cada un o, de promoción de la comunión y de la colaboración entre todos los miembros de la diócesis para salir al encuentro de las necesidades de nuestros hermanos, especialmente los más pobres y necesitados”.

Que María Santísima, Reina del Cielo, reciba en sus manos el pasado, presente y futuro de esta diócesis, lo acompañe y lo bendiga con el poder de su Hijo Jesús, que es poder de humildad y de cruz: el Señor hizo en mí maravillas, desplazó a los soberbios y exaltó a los humildes. Que tú siempre seas alabada, oh Virgen María, ruega, protege e intercede siempre por esta diócesis de Avellaneda-Lanús”, concluyó.+

Fuente: AICA.

15 de agosto de 2011

Con humildad, poner la Fe..

Domingo 14 de agosto de 2011 – 20º durante el año
Evangelio según San Mateo 15, 21-28 (ciclo A).

Jesús partió de Genesareth y se retiró al país de Tiro y de Sidón.
Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio".
Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: "Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos".
Jesús respondió: "Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel".
Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: "¡Señor, socórreme!".
Jesús le dijo: "No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros".
Ella respondió: "¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!".
Entonces Jesús le dijo: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!". Y en ese momento su hija quedó curada.

Con humildad, poner la fe.

¡Qué lectura extraordinaria! En primer lugar, el Señor, ante ese auditorio y de alguna manera, no quiere darse a los “extranjeros” sino simplemente al Pueblo de Israel, como si se tratara de un tema más bien local. Sin embargo, Jesús se admira con otros que son distintos, como el centurión de Cafarnaúm, el leproso samaritano, la cananea de esta lectura; es decir que el Señor viene para todos. Lo principal es que Cristo tiene un mensaje universal, para que todos podamos entrar en su casa; todos los hombres y todos los pueblos. El mensaje de Cristo es universal, es católico.

En segundo lugar, la universalidad supera particularidades: raza, cultura, tradiciones, lenguas, siendo así una realidad pluralista. Oriente, occidente, norte, sur, ricos, pobres, buenos y malos, ¡todos!, ¡Cristo viene para todos, pero exige la fe, creer en Él! Como esta cananea que, a pesar del aparente rechazo de Cristo, ella creyó y le siguió con humildad, poniendo por delante su fe. Para no olvidar: con humildad poner la fe. Confiar y creer que Dios obra, aún a pesar de todo y de tantas dificultades.

Finalmente, el Señor concede lo pedido porque la fe, a veces, es como el último recurso. No es que no sean importantes las otras realidades, sino que la fe es más completa. Puedo rezar una cosa y a la vez hacer otra, puedo buscar trabajo y seguir rezando, puedo dar gracias por el trabajo obtenido y una cosa no quita la otra. Esta cananea nos enseña, cuando uno tiene una dificultad, dónde dirigirnos, dónde pedir, a Cristo Jesús.

Deseo que tengamos una hermosa y feliz fiesta de la Nuestra Señora de la Asunción, a todos lo que habitan el suelo de Avellaneda Lanús, para que nuestra diócesis se vea enriquecida en estos cincuenta años de su creación.

Les recuerdo que presidirá la ceremonia religiosa, el Cardenal Leonardo Sandri, Prefecto de las Iglesias Orientales, muy cercano al Papa Benedicto XVI, que nos viene a visitar y que para nosotros es un grato honor recibirlo.

Que la Virgen nos bendiga a todos: a Avellaneda, que también festeja cívicamente el patronazgo, y a Lanús, que forma parte de nuestra diócesis.

Les dejo mi bendición: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

8 de agosto de 2011

El Señor renueva nuestra esperanza..

Domingo 07 de agosto de 2011 – 19º durante el año
Evangelio según San Mateo 14, 22-23 (ciclo A)

Después de la multiplicación de los panes, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.
Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.
La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar.
Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron.
"Es un fantasma", dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.
Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman".
Entonces Pedro le respondió: "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua".
"Ven", le dijo Jesús.
Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.
Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, sálvame". En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía:
"Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?".
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios".

El Señor renueva nuestra esperanza

Vemos en el Evangelio que el Señor está siempre presente y que uno tiene que buscarlo. La vida es un misterio y misteriosamente buscamos al Señor en este misterio de Dios. Es una búsqueda que no termina jamás aquí en la tierra.

Hay gente que no quiere buscarlo, o no tiene interés, o lo ha cerrado quedándose simplemente en lo que ve, o es incrédulo, desconfiado, agnóstico, no creyente, o de alguna forma no le interesa y no lo busca. Lo primero y principal que uno tiene que decir es: el que nos busca a nosotros es Dios, él nos muestra el camino y nos muestra de qué manera tenemos que seguirlo.

Vemos también que el Señor se presenta y uno lo reconoce; no que él se presenta y uno lo inventa, no. Una cosa es reconocer y otra cosa es inventar. En la fe, nosotros reconocemos no inventamos. Partimos de un dato ya dado, de una realidad mostrada, de una presencia ya expresada y uno asiente favorablemente o rechaza negativamente. El creyente afirma positivamente que es el Señor.

Uno confía y él nos confirma, como en el caso de Pedro con Jesús, que estaba caminando sobre una dificultad -el agua donde se hunde, aunque si uno tiene fe puede caminar sobre el agua como si fuera un piso plano y duro- y no se caía, pero de pronto una ola embravecida lo hace sucumbir. ¡Tantas olas tenemos en nuestra vida!, que son siempre simbólicas pero que son amenazas, tensiones que son crisis, dificultades, donde uno se hunde y de nuevo hay que pegar el grito “¡Señor, sálvanos!, ¡Señor, ayúdanos!” Y Jesús nos toma la mano y nos levanta. Esto es así para que aumentemos la fe.

Pareciera que todos los caminos están cerrados.
Pareciera que la violencia está instalada en todos los ámbitos
Pareciera que la corrupción está en todos los estamentos.
Pareciera que nos está mintiendo todo el mundo y nadie cree a nadie.
Pareciera que todo es negro.

Pero queridos hermanos, ¡hay esperanza!, y Dios nos da las fuerzas necesarias para superar estas cosas que, aparentemente, significan que nos estamos hundiendo; por eso cuando confiamos en el Señor, él nos renueva la esperanza.

Pidamos al Señor que nos renueve la esperanza y que el 14 de agosto próximo, todos podamos expresar el voto para que, de alguna manera, elijamos democráticamente aquello que pensamos que nos merecemos

Les dejo mi bendición: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

3 de agosto de 2011

Dios multiplica y da su abundancia..

Domingo 31de julio de 2011 – 18º durante el año
Evangelio según San Mateo 14, 13-21 (ciclo A)

Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos.
Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: "Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos".
Pero Jesús les dijo: "No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos".
Ellos respondieron: "Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados".
"Tráiganmelos aquí", les dijo.
Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.
Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas.
Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

“Dios multiplica y da su abundancia”

Estamos ante el milagro de la multiplicación de los panes y los pescados. Es una referencia explícita a la Eucaristía. La presencia de Dios es una bendición y es presencia también es abundancia. La abundancia no es solamente de cosas materiales, porque a veces uno puede tener muchas cosas materiales y no es una bendición de Dios

Es importante reconocer la referencia a la Eucaristía porque ella es la plenitud de la vida de Dios, que no sólo nos alimenta, nos nutre, sino que también nos fortalece, revitaliza el trato cordial, fraterno, con nuestros hermanos.

Dios viene, en Cristo, a multiplicarnos su amor, su gracia, con la presencia de su bendición. Cristo nos lleva también a que no tengamos una respuesta mágica sino que, de nuestra parte, tenemos que colaborar, responder, participar. ¿Qué tenemos para ofrecer? Un poco de pan y algunos peces, que el Señor no los descartó sino que los multiplicó.

¿Qué pasa con tanta hambre en el mundo? Tenemos que multiplicar la comida, los alimentos, es cierto. ¿Qué pasa con la falta de justicia que hay entre los hombres? ¡Cómo se aplasta la dignidad de los hombres! ¿Qué pasa con tanta violencia, con tanta inseguridad, sobre los hombres? ¿Qué pasa con el mundo que, de alguna manera, vive poco solidariamente con los demás? ¡Esto es algo muy fuerte!

¿Qué pasa con la falta de amor para con los demás, para con quienes nos dieron la vida, para con quienes nos transmitieron la fe, a nuestros catequistas, para con tanta gente que nos acompañó a lo largo de la vida?

Dios multiplica y da su abundancia; hay que reconocerlo ya que Dios nos da su profundidad y su amor. La multiplicación de los panes es un signo de su presencia y a la vez un llamado a tratarnos como hermanos y miembros de toda esta gran familia humana.

Queridos hermanos, que tengamos algo que ofrecer y que el Señor nos bendiga animosa y copiosamente, dándonos la profundidad de su ser; en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

26 de julio de 2011

Seguir construyendo el Reino..

Domingo 24 de julio de 2011 – 17º durante el año
Evangelio según San Mateo 13, 44-52 (ciclo A)

Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.
El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Comprendieron todo esto? "Sí", le respondieron.
Entonces agregó: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo".

Seguir construyendo el Reino.

Estamos hablando del Reino de Dios y de la Iglesia. El Reino de Dios que está presente pero que no se agota y que tenemos que seguir buscando siempre. Uno busca algo que le toma toda la vida: el tesoro, la perla o la pesca milagrosa. Estas tres cosas, que son fundamentales, uno ya las tiene pero involucra todo lo demás. Está presente pero todavía tiene que seguir lográndolo.
El Reino, que no es de este mundo, ¡ya está presente pero tiene que seguir en construcción!, ¡y esa construcción comienza acá! Y esto es universal, abierto a todos. Pero el Reino de Dios y la Iglesia, no siempre son conceptos iguales; porque el Reino va más allá y aún hay que seguir buscándolo.
Primero se lo busca, se lo encuentra y toma todo. Segundo, hay que tener empeño y compromiso, es decir cumplirlo ahora y uno ‘jugar su vida’ por aquello que piensa, o que cree, o que valga la pena. Y tercero, es una actitud no pasiva sino activa; exige un movimiento y un compromiso que lo mantiene activo en todo.
¡Ya está cumplido, el Reino!, pero aún debe cumplirse y se cumple cada día. Por eso frente a la búsqueda de aquello que es principal y definitivo para nosotros, tenemos que ir construyendo las demás definitividades; y vivir permanentemente una actitud de conversión personal y una actitud de conversión pastoral, como lo dice proféticamente (el documento de) Aparecida.
Queridos hermanos, les dejo mi bendición de padre, pastor y Obispo: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Mons. Rubén Oscar Frassia.

12 de julio de 2011

Que la palabra de Dios entre en nuestra vida..

Domingo 10 de julio de 2011 – 15º durante el año.

Evangelio según San Mateo 13, 1-23 (ciclo A).
Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía:
"El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; Pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!".
Los discípulos se acercaron y le dijeron: "¿Por qué les hablas por medio de parábolas?". El les respondió:
"A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán, porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure.’Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.
Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador: cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino.
El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.
El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.
Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno".

“Que la palabra de Dios entre en nuestra vida”
Estamos ante el tema de la Palabra, la semilla que Dios nos siembra, nos pone a todos, y que tiene distintas respuestas. Y esas respuestas no se refieren a las condiciones climáticas, o de la tierra, sino fundamentalmente a una disposición del corazón y de la voluntad.
Esto es claro para todos nosotros ya que, muchas veces, escuchamos la Palabra pero no tenemos constancia; la oímos pero no la escuchamos o no la aplicamos en nuestra vida. Otras veces nos da alegría pero después viene alguna tentación, algún problema, alguna tribulación, y en seguida “nos venimos abajo.”
Sin embargo, aquí tenemos algo como para reaccionar: la Palabra de Dios hay que leerla, escucharla, interesarse por ella, desarrollarla y cultivarla. El desarrollo y el cultivo es nuestra respuesta. La iniciativa es de Dios que nos da su Palabra y nuestra respuesta debe ser madura, constante, consistente y, a la vez, verdadera, equilibrada.
Pidamos al Señor, con esta fuerza que nos da a través de su Palabra, que esa Palabra entre en nuestra vida; que germine y produzca frutos en nuestro corazón; y que estos frutos podamos testimoniarlo a los demás.
¡No seamos superficiales! ¡Seamos profundos! ¡No seamos inconstantes! ¡Tengamos perseverancia! ¡Tengamos seriedad ante las cosas de Dios y frente a la Palabra! A veces gastamos una vida atendiendo otras cosas y desperdiciamos, o no apreciamos, las cosas de Dios a través de su Palabra
Les dejo mi bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

21 de junio de 2011

Dios es Comunión de Vida..

Solemnidad de la Santísima Trinidad.

En nuestro calendario civil, el domingo fue el Día del Padre. Rezamos por nuestros padres, que tanto tienen que ver con nuestra vida, nuestra existencia. Que los papás que están aquí, tengan un día de mucho reconocimiento, mucho respeto y mucho amor.

Evangelio según San Juan 3, 16-18 (ciclo A):

Dijo Jesús “Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.

Dios es comunión de vida.

En esta Solemnidad de la Santísima Trinidad, a veces puede resonar en nuestros oídos como una fiesta muy lejana, muy extraña, muy incomprensible, poco asible. Sin embargo, estamos en este mes fiesta tras fiesta pero cómo todo se va concatenando, se va hilando.

Fijémonos: ya hace un tiempo atrás celebramos la Pascua; luego la Fiesta de la Ascensión -donde Cristo Resucitado asciende al Padre-; le siguió la Fiesta de Pentecostés -donde el Padre con el Hijo nos envían al Espíritu Santo- y ahora entramos en la comunión propiamente dicha de Dios.

Cómo Dios es una comunión de vida por excelencia. Cómo Dios, siendo un solo Dios verdadero, son tres Personas que se relacionan y a quienes tenemos acceso por la misma revelación de Jesucristo. Lo propio del Padre es crearnos, lo propio del Hijo es redimirnos y lo propio del Espíritu Santo es santificarnos. Y cada uno de ellos tiene una función específica, un atributo propio, que nos lleva al misterio más íntimo, más profundo.

Cuando hablamos de la Santísima Trinidad estamos hablando de Dios, pero también hablamos del hombre. El hombre no puede vivir su misterio si no se abre a Dios. El hombre no se explica a sí mismo si no se abre a Dios. Cuando uno se abre a Dios, puede tener explicación, puede entenderse y darse cuenta que participa de esa comunión con Dios; pero que también uno es un misterio.

Es así que la Fiesta de la Santísima Trinidad nos lleva a este conocimiento: Dios es inagotable. Cuando nos acercamos más a Él y lo encontramos, tenemos el deseo y el ánimo de seguir buscándolo para seguir encontrándolo. Esto es fundamental: ese misterio es inagotable pero también es para nosotros.

Luego, el misterio nos lleva a una intimidad profunda: el hombre no puede ser comprendido sino en Dios. Es así que esta cercanía con Dios produce y provoca en nosotros un nuevo nacimiento. Así como Dios es comunión de vida y nos participa a nosotros, también nosotros tenemos que tener un cuidado exquisito de la comunión y de la común unión entre nosotros.

Esta Fiesta de la Santísima Trinidad nos lleva a aquello para lo cual fuimos creados, a lo más propio, a lo más específico, al futuro que no tiene ocaso, que no tiene fin: la permanente y perfecta Adoración de la Santísima Trinidad. Nosotros fuimos creados, redimidos y santificados para encontrarnos definitivamente con el Creador.

En el “mientras tanto”, en el “mientras estamos aquí”, esta Solemnidad no es un punto de llegada sino de partida. Al encontrarlo a El nos tenemos que sentir movilizados para seguir buscándolo y trabajar siempre por la comunión.

¡Feliz Fiesta de la Santísima Trinidad! ¡Levantemos nuestro espíritu y nuestra alma!
Que nos demos cuenta de aquello para lo que fuimos llamados y que podamos encontrarnos definitivamente con Él. Esa es nuestra vida, nuestra finalidad y nuestro futuro. No lo comprometamos más.

Les dejo mi bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Mons. Rubén Oscar Frassia.

13 de junio de 2011

La Iglesia nace en Pentecostés..

Es una fiesta muy importante, después de la Pascua, que marca el nacimiento definitivo de la Iglesia: la Iglesia nace en Pentecostés. En Navidad se gesta, en el seno virginal de María; en Pascua Cristo se inmola, se ofrece -es crucificado, muere y resucita-; y ahora Cristo asciende al Padre y con El nos envía el Espíritu, dando así lugar al verdadero nacimiento de la Iglesia.

Evangelio según San Juan 20,19-23 (ciclo A):
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo:  "¡La paz esté con ustedes!". Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo:  "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes". Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan".

Pentecostés: vivimos para evangelizar.

Esta fuerza de Pentecostés, esta fuerza de la presencia del Espíritu que “hace nuevas todas las cosas”, hace nueva nuestra vida, hace nuevo nuestro compromiso; surge por esta realidad principal: la resurrección de Cristo, que ha vencido al pecado, a la muerte y ha cumplido con la voluntad de Dios, la voluntad del Padre. Cristo nos envía su Espíritu para que nos acompañe siempre.

Es aquí donde tenemos que reconocer que todo proviene de Dios, que El hace nueva toda nuestra vida, que fortalece nuestro corazón, que por la presencia del Espíritu nos encontramos con el Evangelio y reconocer en la Iglesia al Señor, que por esa presencia Dios está en cada sacramento, que nuestra vida puede ser realizada con fidelidad, con perseverancia, con alegría y con amor; que por esa presencia también podemos obrar éticamente, tener una vida moral digna.

Su presencia nos hace participar de aquello que es lo propio de Dios: su divinidad. Dios nos diviniza, se hace presente y nos dice “estaré con ustedes siempre” y da a los Apóstoles el poder de perdonar los pecados en su Nombre reteniendo a aquellos que ellos se los retengan.

En esta Fiesta de Pentecostés, tenemos que darnos cuenta que vivimos para evangelizar; ya que somos enviados a anunciar, a llevar este mensaje que no es vacío, que está lleno de contenido. Por eso, la calidad del misionero y la misión, está supeditada a la calidad de encuentro que uno tenga con el Señor. Es decir que cuando uno sea un verdadero discípulo será un auténtico misionero. Si uno quiere ser auténtico misionero pero no tiene tiempo para ser un buen discípulo, se comprometen ambas realidades: el discipulado y el testimonio.
Recibamos hoy al Espíritu Santo para que nuestra vida sea eficaz. Tenga frutos, y frutos en abundancia.

Nosotros llevamos el nombre de cristianos, tenemos la dignidad de ser bautizados, somos confirmados por el Espíritu y tenemos una misión que cumplir, transmitir, cultivar y desarrollar. Por eso, que ninguno de nosotros tenga la excusa de decir “no puedo” o “no soy capaz”. Dios da la gracia para poder y ser capaz.

Que hoy tomemos más y mejor conciencia de nuestra pertenencia a la Iglesia, Pueblo de Dios; y que este mensaje no quede reducido a pocos sino que llegue a todos, en todas las lenguas, de un modo abierto, creativo y universal; es decir católico, como la Iglesia.

Les dejo mi bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Mons. Rubén Oscar Frassia.

6 de junio de 2011

El Señor esta siempre presente..

Domingo 05 de junio de 2011
Fiesta de la Ascensión del Señor
Evangelio según San Mateo 28,16-20 (Ciclo A):

Después de la Resurrección del Señor, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado.
Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron.
Acercándose, Jesús les dijo: ‘Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo’

¡El Señor está presente siempre!

El aspecto de la ascensión es parte del Misterio Pascual, que se trata de la crucifixión de Cristo, la muerte, la resurrección y el ascenso al Padre. El próximo domingo la Liturgia nos hace celebrar la Fiesta de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo. El hecho predominante es la resurrección de Cristo.

Cristo fue enviado por el Padre y cumplió con lo que el Padre le pidió: el sacrificio definitivo, redimirnos en la cruz, poner sobre sus espaldas el pecado de todo el mundo; Cristo nos redime en la cruz y, ya resucitado, subirá al Padre. Y antes de partir definitivamente, dice dos afirmaciones muy claras: la primera, que recibió todo poder en el cielo y en la tierra y envía a los discípulos a bautizar -y hacer discípulos para el Reino- “en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.” Bautizar, ser enviados y sobre todo a enseñar -que es transmitir y comunicar la doctrina, “y enseñarles a cumplir todo lo que yo les he mandado.” Cristo, antes de ascender al Padre, envía a los discípulos; y en ellos nos envía a nosotros a anunciar y predicar.

La segunda afirmación, también muy importante, es “yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.” La presencia de Cristo será invisible pero no menos real. ¡Es real! Pero es invisible. Él estará como resucitado, como redentor, como salvador, como Mesías, como Cristo Glorioso, ¡presente en nosotros todos los días de nuestra vida!

De esto no nos podemos olvidar jamás, porque no es un dato secundario, o de menos importancia, ¡es fundamental!; ¡el Señor está! Y por esta razón tiene que resonar en nuestros oídos, en nuestro corazón y en nuestra alma, esta otra afirmación: “¡no teman, Yo estoy con ustedes!”

No hay que tener miedo. No tenemos que tener miedo. El Señor está presente, está en nosotros, está con nosotros y al lado de nosotros. ¡Eso es muy importante! El anuncio, la predicación y su presencia siempre, porque somos bautizados y confirmados.

Finalmente el tema de la comunicación. Benedicto XVI dice algo muy importante: así como hubo una revolución industrial donde lo manual pasa a las grandes industrias, -que es un cambio sideral, notable y que repercute en toda la sociedad., en esta época de la era digital también se da un cambio tremendo, porque el mundo de la comunicación, de la información, de lo instantáneo, está presente.

Esto es muy bueno, no es malo, pero el Papa advierte algo a considerar: primero la comunicación, como Internet, o lo digital, o lo virtual, es bueno que se comunique, se informe y se participe, pero saber que lo virtual jamás reemplazará la presencia real del vínculo y en el trato entre las personas.

Una cosa es la imagen y otra la realidad. Y la realidad es más importante que la imagen, por más expansiva que sea. La realidad es fundamental y nosotros la subrayamos.

Luego, la presencia de lo que se obra, lo que se muestra, lo que se hace público, tiene que estar en conexión con lo que es el ser, con la persona misma. No puede haber dicotomía, no puede haber esquizofrenia, ni división entre imagen y realidad. Y esto también hay que tenerlo en cuenta.

Mis bendiciones para todos los comunicadores, a quienes el Papa nos anime en este tiempo especial donde vivimos un cambio de cultura, pero que el mundo -de esta era digital- también tiene que estar presente el Señor en lo humano; y en lo humano la presencia del Señor

Les dejo mi bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Mons. Rubén Oscar Frassia.

3 de mayo de 2011

Tocar al Señor, por la Fe, para creer en Él..

2º domingo de Pascua. Domingo de la Misericordia.
Evangelio según San Juan 20,19-31 (Ciclo A).
Reflexiones radiales de nuestro Obispo.

“Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes". Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan".
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré".
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe".
Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!".
Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!".
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

La presencia de Cristo glorificado, pero que guarda y conserva todas las realidades transformadas de su humanidad (por eso no es un fantasma ya que un fantasma no tendría corporeidad) está vivo y tiene una corporeidad transformada. Por ese motivo la incredulidad de Tomás -que tiene que tocar a Cristo glorificado- cree y expresa esa frase admirable de reconocimiento: ¡Señor mío y Dios mío!, pone el acto de fe.

Por la fe, no por cosas visibles o materiales, todos nosotros tenemos que sabernos tocados por el Señor y tocar al Señor. El Señor nos toca al darnos la vida, al darnos nuestra pertenencia por el bautismo, al Pueblo Santo de Dios, la Iglesia. Y nos toca permanentemente con su mirada, con su ternura, con su amor, con su misericordia, con su presencia, con su gracia.

¡Esto quiero que reconozcamos hoy! Tenemos que tocar al Señor por la fe para creer en El, sabiendo que es Jesús, que es el Mesías, que es el enviado, el Hijo de Dios; y creyendo en El tengamos vida en su Nombre y vida en abundancia. Que en esta fe en Cristo, esta misericordia que Dios tiene con nosotros, en este domingo de la Misericordia, Jesús resucitado esté muy presente.

Hoy, 1º de mayo, es un día muy especial ya que asistimos a la beatificación del querido Juan Pablo II, y quiero recordar cuando en 2003, año que los obispos argentinos fuimos en visita ad límina para ver al Santo Padre, a solas con él por unos minutos, le pregunté al santo, al anciano, al sabio, a Pedro, qué me decía para este tiempo; y me dijo: “Creer en Dios, creer en Cristo, creer en la Virgen, la Iglesia, Vaticano II y el documento ‘Al inicio del Tercer milenio’, allí está todo, nada más
Hoy se los transmito a ustedes porque ese sabio hoy es Beato, me lo dijo a mí como cabeza de la Iglesia, de la diócesis de Avellaneda Lanús, en un coloquio personal, por eso lo comparto.

Les dejo mi bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Mons. Rubén Oscar Frassia.